El comentario...

—Rafa, necesito que me dejes dinero…

—¿Para qué?

—Ya sabes... mi proyecto.

—¿Tu proyecto? Es la segunda vez que me lo pides y no veo los resultados.

—Confía en mí, esta vez será diferente. Estoy haciendo muchos progresos, sabes todo lo que he pasado para llegar hasta aquí, solo me falta atar algunos cabos y luego todo irá rodado. Lo presiento.

»Miguel nunca tuvo una estabilidad económica y a Rafa en cambio nunca le faltó un billete en la cartera. Decidió seguir el negocio familiar de venta de cosméticos y se ganaba la vida aguantando las largas y aburridas charlas de sus clientas adineradas.

Cinco años después…

Los dos hermanos cenaban la noche de navidad en la gran mesa junto a los suyos. El padre, cabeza de familia alzó la voz…

—Miguel, hijo... ¿Qué tal van tus cuadros?, he oído que la exposición ha sido todo un éxito.

—Sí papá, gracias a dios... los clientes se van satisfechos y la galería se llena todos los fines de semana.

En ese momento, Rafael golpeó el plato con los cubiertos y con la cara roja e incendiada por un poderoso rencor, no pudo contenerse y llenó el aire del salón con su incontenible comentario.

—Ya… pero si no hubiera sido por mí, tú no estarías donde estás.

Y Rafael, en un tono sereno y determinante le contestó...

—Insinúas que la razón por la que he conseguido hacer realidad mis sueños, ¿está relacionada solo con el dinero? porque a ti el dinero nunca te faltó.

 

 

Fragmento de la obra "Entrevistas conmigo mismo"

Por Ander García Martinez

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