El caminito de la palabra

La palabra. Ese conjunto de signos que siempre esconde algo detrás. El vestido. La ropa de los pensamientos que desnudos no se ven.

Una pequeña palabrita se levantó de la cama, salió de casa y emprendió un camino. Cuando había andado unas cuantas manzanas entre las calles, se encontró con «La inspiración». Una nube invisible que soñaba siempre con tener forma, pero que nunca conseguía alcanzar aspecto alguno. El interminable intento de ser algo más que luz. Ya habiendo recorrido unas manzanas más, la palabra llegó a un puente llamado «Trama». Él es, el que dice siempre por dónde tienen que ir las palabras, y si algo odia, es que no tengan una dirección que seguir. Sin hacerle mucho caso, la palabra siguió su camino y se encontró en medio de un parque llamado «Estilo literario». Se supone que él dicta a los demás, el orden en que se han de poner; «Las manzanas, los puentes, los parques» «Parque, puente, manzana» «Manzana, parque, puente» según le dé. Prosiguiendo con su andanza, la pequeña palabra llegó a la falda de una montaña. En lo más alto le esperaba el «Desenlace». Después de coronarla, sin haberle prestado demasiada atención, bajó por la cara opuesta, se alejó de ella sin mirar atrás y siguió su camino hasta llegar a un mar de páginas blancas, en las que sin saber muy bien hacia dónde ir, se zambulló sin pensar y empezó a nadar, mientras al avanzar, se diluía su tinta dejando regueros morados, que parecían no decir nada en concreto en aquel inmenso blanco. Mientras agitaba sus pequeños bracitos, a lo lejos divisó una isla y, haciendo un último esfuerzo llegó hasta sus orillas. No sabía dónde estaba, pero sentía que aquel trozo de tierra, era el único lugar de su camino que realmente importaba. Sentada en medio de aquel islote, mirando el rastro de tinta que había dejado sobre aquel mar blanco, se dio cuenta de que había llegado a donde quería.

Y es que realmente, da igual lo que digas, lo que cuentes, o lo mucho que te esfuerces en crear un puzle de pensamientos para que el lector vaya construyendo y con suerte disfrute del juego. Es absolutamente secundario el contenido, para que tus ojos sigan encima de esto que estoy escribiendo ahora mismo, y de lo siguiente, y de lo que vendrá después. Hay escritores que indagan e indagan para que el argumento sea brillante. Párrafos llenos de objetos, situaciones, decorados, y un sin fin de descripciones que… Sin la luz de querer llegar a los demás con el corazón. Sin esa pasión por llegar a ti. Sin esas ganas por conocerte y saber quién eres, aunque estés al otro lado de estas palabras. Sin el coraje de entregártelo todo cueste lo que cueste. Sin eso... no hay nada y nunca lo habrá. No habrá isla en todo ese océano de páginas blancas. Solo más y más blanco, donde la tinta de las palabras se diluirá, soñando con llegar a ella algún día.

 

 

Fragmento de la obra "Entrevistas conmigo mismo"

Por Ander García Martinez

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