Anaís

El otro día, mi prima de doce años, mientras yo estaba distraído, intentó leer lo que estaba escrito en la pantalla del portátil, y yo, apartándola con cariño le dije:

     —Anaís, no puedes mirar eso hasta que no esté terminado.

     —¿Por qué no puedo mirar?

     —Sí que puedes, pero no debes…

     —¿Y por qué?—me siguió preguntando.

     —Mira Anaís, puedes coger un libro y abrirlo por detrás profanando su final, intentando descubrir los secretos que esconden sus últimas páginas. Puedes…, pero no debes.

     —¿Y por qué no debo primo?

     —¿Por qué? Porque entonces estarías rompiendo la magia y nadie quiere romper la magia, solo sentir su encanto.

 

 

Ander García Martinez

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