Querida amiga...

 

Llevo tiempo sin escribir, y me horroriza la simple idea de dejar de hacerlo. Sería como dejar de regar las plantas esperando a que al asomarme al balcón estas lucieran maravillándome la vista, para darme cuenta después de que en realidad están muertas, mustias y caídas. Aquí sigo, en mi estudio pequeñito, el cual a las veces lo veo insignificante y otras en cambio una estancia infinita. Paso los días como puedo, siempre o de vez en cuando con un libro entre las manos. Ahora mismo me alimento de tu alma. Me pareces una niña simpatiquísima y muy lista, pero lo que más me sorprende es cómo puedes apoyarte en el optimismo mientras los aviones bombardean tu “Casita de atrás” y tus familiares no dejan de meterse contigo. Da la impresión de que los que nacen con un don especial siempre tienen que soportar las miserias emocionales de los demás. Por otra parte me encuentro triste porque cada vez me siento más alejado de todo. Las comunicaciones con las personas que quiero se van deteriorando. Será que mi oficio me va arrastrando cada vez más a una soledad de la que nadie puede volver.

A pesar de haber publicado varias novelas y de que las críticas son positivas yo me sigo sintiendo vacío, igual o más que antes de haber escrito más de medio millón de palabras o haber estado tecleando durante veinte mil horas poniendo el corazón en cada linea que ha salido de mí. Pero todavía tengo la esperanza de que algún día todas estas barras me llevarán a algún lugar. Sé que ahora mismo puedo parecer un poco torpe en mi forma de expresar escrita pero prometo que desde el día de hoy, no voy a dejar que mis viejos fantasmas me vuelvan a tocar la puerta. Seguiré escribiendo ya que aquí entre estas “A”s, espacios y palabras es donde realmente me siento libre. Donde desde luego vivo en armonía con mi conciencia y pensamiento y donde todo nunca es tan malo del todo. Como siempre voy a continuar extrayendo eso que siempre llevo dentro y mirando hacia adelante con una mano en el pecho y orgulloso de esta vida solitaria que yo mismo escogí. Una acción, un acto, el de escribir, que lejos de la egocéntrica idea de ser escritor, (sabedor de que las páginas que se llenan bajo esa fea intención, más tarde se borran solas), yo lo hago para que si un día te despiertas, a pesar de estas largas noches de condena intelectual que sufro y disfruto por igual, abras uno de mis cuadernos y te emociones con estas humildes palabras.

Gracias amiga. Ahora ya me siento mejor...


Cartas a Anne Frank

 

 

 

 

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