Elisenda

Elisenda llevaba cincuenta años sin levantar la cabeza de su máquina tejedora, disimulando que los gritos del gordo de su jefe no le llegaban hasta el hueso de su alma. Después de su monótono trabajo se iba a su casa, y en su salita penumbrosa y ajada, cenaba siempre lo mismo. Jamás se decidía a probar hacer un plato diferente, por miedo a que las sombras de su vida quedaran reflejadas en él. Al terminar su cena repetida en el tiempo, se sentaba en su butacón gastado y arañado por sus gatos y no faltaba a su cita con la negatividad y la nostalgia. Cogía el mando a distancia, le daba al botón y ¡voilá! se tragaba el telediario entero. Qué mejor que ver unas cuantas desgracias ajenas para paliar el dolor que realmente envolvía su corazón. Unos cuantos pensamientos en vano más y… a la cama, pensando en la desagradable cara de su jefe. Así sucesivamente durante toda su vida, toda una vida con la mirada perdida, pensando que ella era la única.

 

 

 

Por Ander García Martinez

       Descubrir mis novelas

COMENTARIOS

Deja un comentario