El burro y la zanahoria

     Un campesino y su pequeño querubín, contemplaban a la vera del sembrado, como su burrito tiraba del arado con un palo sobre la cabeza del que colgaba una zanahoria para incitar al animal.

De pronto, mientras el burrito iba arando el terreno sin perder de vista la zanahoria y el pequeño agarraba la mano curtida de su padre, al zagal, le empezaron a entrar una serie de inquietudes, que como niño por supuesto no tenía la menor intención de callarse.

—¡Papá, papá! ¿El hombre es listo y el burro es tonto?

—Pero hijo ¿por qué dices eso?

—Porque va detrás de la zanahoria y nunca la va a poder coger.

—No hijo. El burro simplemente persigue la zanahoria porque tiene mucha hambre y le gustan mucho. Pero mira…

Entonces, el humilde campesino, sacó una zanahoria de su capazo de esparto y la lanzó de manera que fue a caer justo delante de las patas del animal. Instintivamente, el burrito paró la marcha, agachó la cabeza y se puso a comer la zanahoria que le había tirado el campesino, olvidando por completo la que colgaba del palo.

—Lo ves hijo, el burrito no es tonto.

Pero la cosa no iba a quedar ahí y las interrogantes del chiquillo empezaron a ocupar toda la campiña, dando rienda suelta a su imaginación.

—¡¡Papá, papá!! y entonces… entonces ¿qué pasaría si fuera un hombre? Si lo cambiáramos por el burro y le pusiéramos en el palo algo que le gustara mucho y… ¡y también tuviera mucha hambre! ¿Qué haría entonces papá? ¿Qué es lo que haría?

Entonces el campesino se agachó poniéndose a la altura del niño y, en un tono trascendente, ante la mirada deseosa del pequeño, este le dijo:

—¿Si fuera un hombre con mucha hambre y le pusiéramos colgando del palo algo que le gustara mucho? Mira hijo, si fuera un hombre con mucha hambre y le colgáramos del final del palo un fajo de billetes de los grandes, intentaría coger el dinero desesperadamente, sin darse cuenta de que está pisando un campo lleno de zanahorias.

 

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Fragmento de la obra "Entrevistas conmigo mismo"

Por Ander García Martinez

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